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10 DE 0CTUBRE DE 1868 ESTALLA LA GUERRA DE CUBA CONTRA ESPAÑA

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Por Rafael Labrada Díaz

En 1868 las contradicciones entre Cuba y España habían llegado a su punto culminante; los hacendados criollos poseían prácticamente el poder económico mientras no tenían ningún derecho político, al mismo tiempo, los impuestos que aplicaba la metrópoli cada vez eran más elevados.

Los españoles estaban empecinados en mantener la esclavitud en las colonias, lo cual constituía un freno para el desarrollo económico, político y social y no se vislumbraban cambios en este sentido, todo lo cual contribuyó a que en la Isla fuera formándose una nueva conciencia entre los criollos y la formación de la nacionalidad cubana.

Este desarrollo en el campo de las ideas posibilitó que los hacendados criollos decidieran iniciar la lucha armada contra España, con el propósito de alcanzar la independencia de Cuba y es así que el 10 de octubre de 1868 el abogado Carlos Manuel de Céspedes, rico hacendado de Bayamo, les dio la libertad a los esclavos en su ingenio La Demajagua y los invitó a luchar para alcanzar la libertad de la patria.

Los patriotas de Las Tunas tres días después del alzamiento en Bayamo, atacaron la ciudad, bajo el mando de Vicente García, quien procedía de una de las familias más acaudaladas de la región y prácticamente la tomaron, pues solamente la iglesia no cayó en manos de los patriotas.   

En diversas zonas del territorio oriental otros revolucionarios también se sumaron a la lucha contra la metrópoli, la cual se extendió durante diez años en los que, pese a la superioridad en hombres y armas, el ejército peninsular sufría constantes derrotas en el campo de batalla y cada vez era más palpable la victoria definitiva de los insurrectos.

El ejército colonialista no pudo impedir que la guerra se extendiera hasta las regiones central y occidental del país, lo cual era una de las principales estrategias del Ejército Libertador, a ello se unía el hecho de que España se encontraba en una situación económica muy difícil y prácticamente estaba incapacitada para mantenerlos gastos ocasionados por la guerra.

Hacia 1877, la contienda prácticamente estaba ganada por los patriotas cubanos; estos tenían el dominio de la mayor parte de las zonas rurales en los territorios de Oriente, Camagüey y el centro de la Isla, y cada vez que los españoles intentaban incursionar en esas comarcas, sufrían cuantiosas bajas al chocar con las tropas revolucionarias.

Los nombres de Máximo Gómez, Antonio Maceo, Vicente García, Ignacio Agramonte y muchos más brillaron en los campos de batalla por su valor, heroísmo y sagacidad en el manejo de sus tropas cualidades que conducían, en cada ocasión, a que los revolucionarios salieran victoriosos en los combates frente a sus enemigos peninsulares. 

En el campo insurrecto, esta favorable situación chocó contra factores más fuertes que el ejército español: la falta de unidad entre los patriotas, el caudillismo y el regionalismo, elementos que hicieron mella entre las fuerzas cubanas y buena parte de ellas optó por acatar la propuesta de paz formulada por los españoles.

El general español, Arsenio Martínez Campos, fue enviado a Cuba, para aplicar una política astuta, basada en no responder a los ataques de los cubanos y convencer a los oficiales del Ejército Libertador sobre la necesidad de poner fin a la guerra; así surge lo que pasó a la historia como la Paz del Zanjón, que declaraba el fin de la contienda, pero sin lograr la libertad de Cuba.  

Martínez Campos no pudo completar su obra, por cuanto los insurrectos orientales, con el Mayor General Antonio Maceo al frente, en entrevista con el alto oficial español, le hicieron saber que ellos no acataban esa paz, porque no incluía la independencia de Cuba y que continuarían la lucha hasta alcanzarla.

La guerra prosiguió algún tiempo más en esta región, hasta que los revolucionarios se percataron de que era prudente hacer un alto en la contienda, salir al exterior de la Isla y cuando tuvieran mejores condiciones, regresar a la Patria para reiniciar los combates a fin de liberarla del coloniaje español.   

 

 

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