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EL NATALICIO DEL COMANDANTE CAMILO CIENFUEGOS

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Por Rafael Labrada Díaz

En el seno de una familia humilde, el 6 de febrero de 1932, en la barriada habanera de Lawton, nace Camilo Cienfuegos Gorriarán, quien luego se convirtió en uno de los comandantes más carismáticos de la Revolución; su sonrisa franca y sincera y su espíritu jovial  eran sellos distintivos del jefe guerrillero.   

Camilo fue uno de los tantos jóvenes que se vieron obligados a tomar el camino del exilio ante la feroz persecución de que eran víctimas en Cuba por la dictadura de Fulgencio Batista; se instaló en México donde conoció a Fidel Castro y pronto formó parte de la nómina de los futuros expedicionarios del Granma.

Después del combate de Alegría de Pio, donde la mayoría de los combatientes se dispersaron, este joven resultó uno de los que se encaminaron hacia la Sierra Maestra a reencontrarse con Fidel Castro para proseguir la lucha contra el régimen imperante en el país.

Allí pronto se destacó por su valor y arrojo en los encuentros con el enemigo, su fe infinita en la victoria y, sobre todo, por su lealtad hacia el Comandante en Jefe Fidel Castro. Ello lo demostró en los combates de Pino del Agua, el Uvero, El Hombrito, Bueycito y otros.

Fue el primer jefe revolucionario en bajar al llano a cumplir misiones guerrilleras y su nombre quedó para siempre en la historia por las hazañas realizadas en los alrededores de la ciudad de Bayamo, ubicada en la zona oriental de Cuba; en ese territorio recibió la noticia de que había sido ascendido a los grados de comandante del Ejército Rebelde.

En misiva enviada a Fidel Castro, con motivo de su ascenso, decía que en sus manos tenía la orden de ascenso a Comandante y que le sería más fácil dejar de respirar que dejar de ser fiel a la confianza depositada en él por el máximo jefe guerrillero, lo cual corrobora los valores de responsabilidad, patriotismo y lealtad presentes en el joven revolucionario.

El 21 de marzo de 1958, baja nuevamente de la Sierra Maestra pero esta vez para marchar al frente de la columna invasora Antonio Maceo, cuya misión era trasladarse  hacia la provincia de Pinar del Río, la más occidental de Cuba, con el fin de llevar hasta allá la guerra revolucionaria, en cumplimiento del plan estratégico del Ejército Rebelde.

Luego de un sinnúmero de vicisitudes, el grupo guerrillero llega a la entonces provincia de Las Villas y se encamina al norte de ese territorio central de Cuba; muy pronto el ejército de la dictadura siente el empuje de los revolucionarios, pues sufren constantes ataques armados, entre los cuales figura como el más importante la toma del cuartel de Yaguajay.         

Esta acción, junto a las desarrolladas por la tropa de Ernesto Che Guevara en esa misma provincia  y las que tenían lugar en la antigua provincia de Oriente, provocaron  que el primero de enero de 1959, el tirano Fulgencio Batista huyera del país con sus acólitos  y fue el momento en que Camilo Cienfuegos recibe la orden de marchar hacia la capital, para tomar el campamento de Columbia, principal baluarte del ejército de la dictadura.

El jefe Guerrillero cumplió la orden, y en poco tiempo esa posición estaba en manos de los rebeldes, mientras Ernesto Che Guevara tomaba la fortaleza de la Cabaña y en todo el país el Ejército Rebelde liberaba a todas las ciudades; había triunfado la insurrección armada, en lo cual el pueblo cubano había desempeñado un importante papel.

Una vez tomado el poder, los revolucionarios se aprestaban a comenzar la construcción de una nueva sociedad; la burguesía nacional estaba aplastada, pero no eliminada; en Camagüey se produjo una traición y a Camilo Cienfuegos le dieron la misión de ir hasta esa provincia para solucionar tal situación.

El 28 de octubre de 1959, de regreso a La Habana en una pequeña avioneta, lo sorprendió una tormenta, el aparato cayó al mar  y  pereció el héroe de tantas batallas en medio de las olas; cada 28 de octubre los cubanos acuden a las orillas del mar, de las presas, de los ríos y de los arroyos a depositar flores en el agua, como un eterno homenaje al querido guerrillero.  

 

 

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