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LA RECONCENTRACIÓN DE WYLER EN CUBA

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LA RECONCENTRACIÓN DE WYLER EN CUBA

Por Rafael Labrada Díaz

 

El 21 de octubre de 1896, las autoridades españolas dictaron un bando militar que establecía la reconcentración de la población rural en las ciudades, bajo el control de las autoridades peninsulares, para evitar  que prestaran cualquier tipo de ayuda a los patriotas cubanos.

Ante las constantes derrotas que los colonialistas tenían en la guerra contra los patriotas mambises, el general Arsenio Martínez Campos, gobernador y capitán general del país, en carta confidencial al presidente del Consejo de Ministro de España,  Antonio Cánovas del Castillo, propuso esa bestial  medida.

Con ello, los peninsulares esperaban que los combatientes del Ejército Libertador, al estar aislados de su base social y logística, se debilitarían y estarían obligados a rendirse, pero  Martínez Campos no se sentía en  condiciones de llevar a cabo tan sanguinaria política.

Por eso, en su misiva recomendaba  que se le encargase esa misión a Valeriano Weyler, a quien consideraba preparado militarmente y con inteligencia suficiente para aplicar la crueldad que se pretendía aplicar en la isla de Cuba.

Las medidas adoptadas por los españoles con el fin de tratar de aislar a los patriotas incluían, además, la prohibición de la venta, el resguardo, la donación o la  entrega de caballos y armas a los insurrectos, elementos que consideraban de suma importancia para los cubanos.

Para la reconcentración en las ciudades, Wyler estableció un plazo de ocho días y durante el tiempo que estuvo vigente la medida, causó la muerte a unas trescientas mil  personas por hambre y enfermedades al producirse el deterioro total de la agricultura cubana, sostén principal de la población.

En una visita realizada por el alcalde de Güines a Valeriano Wyler, a fin de  pedirle algunas raciones para los reconcentrados y evitar que continuaran falleciendo debido a la falta de alimentos, el oficial español le expresó que  ese era el objetivo, que murieran.

A pesar de la crueldad y los estragos causados por estas medidas, Weyler no pudo frenar el desarrollo impetuoso de la guerra; las filas del Ejército Libertador continuaron nutriéndose de los recursos más elementales y sus jefes, oficiales y soldados adoptaron nuevos métodos de subsistencia que les permitieron continuar la lucha victoriosa por la independencia de la patria.

El 30 de marzo de 1898, el nuevo capitán general de la Isla, Ramón Blanco Erenas, dictó otro bando militar que derogó la reconcentración, con el objetivo de suavizar la situación y crear condiciones favorables para que la implantación del régimen autonómico en Cuba lograse que los mambises depusieran las armas.

Esa nueva política también fracasó, pues como decía el Generalísimo Máximo Gómez, a España le era imposible pacificar a Cuba, aunque pudiera echarles encima a los patriotas doscientos mil hombres.

 

 

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